sábado 31 de enero de 2009

Ain't no coolness

martes 11 de noviembre de 2008

Diciembre, período de exámenes. Febrero, también.

Usted es docente universitario. Usted forma parte de un pequeño pero esforzado equipo docente que debe corregir 1000 exámenes en una semana (porque hay que tener en cuenta los tiempos de descoordinación, los errores, la re-calibración de criterios y el trabajo administrativo).

Los estudiantes le dejaron los exámenes doblados por la mitad, uno sobre otro, en el orden en que fueron entregando. Usted desea poner orden, para poder repartir en el equipo el trabajo de la A a la F, de la G a la O y de la P a la Z. Quizás la siguiente sugerencia le sea útil:

Adquiera un sello de goma de los que van imprimiendo números en serie (esos que cada vez que sella suman uno al número).

Tome el millar de exámenes, y selle cada uno (solo una vez cada uno aunque haya varias hojas dobladas), manteniendo el orden del sellado en el orden físico de las hojas dobladas. Haga diez montoncitos, aproximadamente del 1 al 100, del 101 al 200, del 201 al 300 y así hasta el 900 al final, ajuste según las necesidades de espacio.

Abra una planilla electrónica (Excel u OpenOffice, por ejemplo). Ingrese la siguiente información: en la primera columna (columna A) el número del sello del primer exámen, en la segunda columna (columna B) los apellidos (y si los apellidos no son suficiente para identificar al estudiante, ingrese el nombre también, pero recuerde que el orden alfabético será según hayan sido ingresados los datos del estudiante).

Repita el procedimiento con todos los estudiantes, uno por fila. Le llevará un buen rato, pero será un tiempo manejable, no como el tiempo de ordenar alfabéticamente las hojas a mano, que puede ser mucho. Ya de paso le queda un principio de esqueleto del acta. Grabe la planilla cada diez o veinte filas.

Pinte con el ratón las dos columnas, la A , del número del sello, y la B, de los apellidos y los nombres ... Las columnas deben quedar pintadas (en general en fondo negro)

Vaya a Datos / Ordenar, e indique que desea ordenar por la columna B.

Grabe nuevamente. El nuevo conjunto de datos le indicará simplemente de arriba a abajo qué número sellado de exámen va primero en orden alfabético. Pero como los exámenes están numerados en orden, ir encontrándolos será bastante expeditivo. Vaya acomodando los exámenes en el nuevo orden alfabético en pilas aparte, para no confundir con las que aún siguen ordenadas por número.

En vez de pasarse de seis a doce horas ordenando, habrá dedicado unos pesos (que puede repartir entre varios, o hacer pagar al rubro insumos, que sería lo más lógico) habrá dedicado media hora para sellar, un máximo de 4 horas (pueden ser dos, dependiendo de si lo hace solo o lo ayuda un compañero o compañera), y una media hora más a extraer los exámenes uno a uno ordenados alfabéticamente.

También tendrá como subproducto a los exámenes identificados por un número único serial, sabrá la cantidad total de exámenes, y tendrá un esqueleto de acta.

La parte de la planilla se puede mejorar (y hacer más rápido) con un programa informático más especializado. Si desea esto hágamelo saber por mail. Pero la planilla es bastante buena.

Tenga tinta a mano. No mezcle los montones, ni deje jugar niños alrededor.

Ahora el buen humor estará de su lado para ir corrigiendo el exámen, pues corregir no tendrá esa carga de tremendidad a la que los años le han ido acostumbrando seguramente. Salud.

Aportes 1

Me preguntan que por qué esoy estudiando psicología yo que era informático. Contesto que sigo siendo, y que estudio psicología porque puedo, porque me entretengo, porque conozco gente, y porque trato de pensar un campo de investigación que tenga que ver con la informática y la psicología.

Entonces me preguntan, ¿y qué aprendiste en la facultad de psicología en estos cuatro años? Al principio me siento entusiasmado, luego me siento como en un exámen general de todo lo aprendido (no estaría mal que existiera eso en la formación, no me maten compañeros).

Bueno, aprendí que existe algo llamado actitud clínica. Aprendí que existe el análisis semiótico y el análisis del discurso. Aprendí que la claridad no existe, que nada es claro.

También aprendí que las personas no es que quieran algo y pongan el deseo en juego para ir a por eso, sino que eso que quieren pone en juego el deseo, y también, la angustia.

Aprendí que el ideal de la traducción perfecta de una lengua a otra, es simplemente uno de esos objetos que ponen en juego el deseo de llevar adelante la práctica de traducir, pero que no se alcanza.

Aprendí que la subjetividad no es dar la opinión personal. Ni la objetividad es hablar de las cosas claramente y sin error. La subjetividad es cuando alguien habla a otro. Y la objetividad es como la traducción perfecta. La objetividad es que dos hablantes digan lo mismo y piensen lo mismo, entonces habrá objetividad entre ellos. No parece muy útil.

Entonces, se pone en juego el concepto más útil que conozco, el de la diferencia. Los que estudiaron matemáticas recuerdan una derivada, o una diferencial. Bueno, algo de esto hay, y ya me extenderé.

No sé qué cree la gente que se puede aprender estudiando en la facultad de psicología. ¿qué cree usted que cree?

Pronto escribiré de cosas interesantes para los programadores como la actitud clínica.

Salud.

martes 28 de octubre de 2008

Para qué sirve el trabajo de Deconstrucción de Derrida? Para pensar la CENTRALIDAD

Antonio, padre de Roberto, un niño de 8 años, sale manejando desde su casa en la Capital Federal y se dirige rumbo a Mar del Plata. Roberto, va con él. En el camino se produce un terrible accidente. Un camión, que venía de frente, se sale de su sector de la autopista y embiste de frente al auto de Antonio.

El impacto mata instantáneamente a Antonio, pero Roberto sigue con vida.Una ambulancia de la municipalidad de Dolores llega casi de inmediato, advertida por quienes fueron ocasionales testigos, y el niño es trasladado al hospital.

No bien llega, los médicos de guardia comienzan a tratar al nene con mucha dedicación pero, luego de charlar entre ellos y estabilizarle las condiciones vitales, deciden que no pueden resolver el problema de Roberto. Necesitan consultar. Además, advierten el riesgo de trasladar al niño y, por eso, deciden dejarlo internado allí, en Dolores.

Luego de las consultas pertinentes, se comunican con el Hospital de Niños de la Capital Federal y finalmente conversan con una eminencia en el tema a quien ponen en autos de lo ocurrido.

Como todos concuerdan que lo mejor es dejarlo a Roberto en Dolores, la eminencia decide viajar directamente desde Buenos Aires hacia allá. Y lo hace.

Los médicos del lugar le presentan el caso y esperan ansiosos su opinión.
Finalmente, uno de ellos es el primero en hablar: '¿Está usted en condiciones de tratar al nene?', pregunta con un hilo de voz. Y obtiene la siguiente respuesta: '¡Cómo no lo voy a tratar si es mi hijo!'.

Bien, hasta aquí, la historia. Está en usted el tratar de pensar una manera de que tenga sentido. Como no compartimos la habitación, o donde sea que usted esté, le insisto en que no hay trampas, no hay nada oculto. Y antes de que lea la solución, quiero agregar algunos datos:



a) Antonio no es el padrastro.
b) Antonio no es cura.

domingo 26 de octubre de 2008

Jaques Derrida - Jacobo

riesgo de dirigirse a un otro
deconstrucción
diferensia
traza
gramatología
más de una lengua







miércoles 22 de octubre de 2008

La crisis del siglo

Los terremotos que sacudieron las Bolsas durante el pasado "septiembre negro" han precipitado el fin de una era del capitalismo. La arquitectura financiera internacional se ha tambaleado. Y el riesgo sistémico permanece. Nada volverá a ser como antes. Regresa el Estado.

Ignacio Ramonet

El desplome de Wall Street es comparable, en la esfera financiera, a lo que representó, en el ámbito geopolítico, la caída del muro de Berlín. Un cambio de mundo y un giro copernicano. Lo afirma Paul Samuelson, premio Nobel de Economía: "Esta debacle es para el capitalismo lo que la caída de la URSS fue para el comunismo". Se termina el periodo abierto en 1981 con la fórmula de Ronald Reagan: "El Estado no es la solución, es el problema". Durante treinta años, los fundamentalistas del mercado repitieron que éste siempre tenía razón, que la globalización era sinónimo de felicidad, y que el capitalismo financiero edificaba el paraíso terrenal para todos. Se equivocaron.

La "edad de oro" de Wall Street se ha acabado. Y también una etapa de exuberancia y despilfarro representada por una aristocracia de banqueros de inversión, "amos del universo" denunciados por Tom Wolfe en La Hoguera de las vanidades (1987). Poseídos por una lógica de rentabilidad a corto plazo. Por la búsqueda de beneficios exorbitantes. Dispuestos a todo para sacar ganancias: ventas a corto abusivas, manipulaciones, invención de instrumentos opacos, titulización de activos, contratos de cobertura de riesgos, hedge funds... La fiebre del provecho fácil se contagió a todo el planeta. Los mercados se sobrecalentaron, alimentados por un exceso de financiación que facilitó el alza de los precios.

La globalización condujo la economía mundial a tomar la forma de una economía de papel, virtual, inmaterial. La esfera financiera llegó a representar más de 250 billones de euros, o sea seis veces el montante de la riqueza real mundial. Y de golpe, esa gigantesca "burbuja" ha reventado.

El desastre es de dimensiones apocalípticas. Más de 200.000 millones de euros se han esfumado. La banca de inversión ha sido borrada del mapa. Las cinco mayores entidades se han desmoronado: Lehman Brothers en bancarrota; Bear Stearns comprado, con la ayuda de la Reserva Federal (Fed), por Morgan Chase; Merril Lynch adquirido por Bank of America; y los dos últimos, Goldman Sachs y Morgan Stanley (en parte comprado por el japonés Mitsubishi UFJ), reconvertidos en simples bancos comerciales.

Toda la cadena de funcionamiento del aparato financiero se ha colapsado. No sólo la banca de inversión, sino los bancos centrales, los sistemas de regulación, los bancos comerciales, las cajas de ahorros, las compañías de seguros, las agencias de calificación de riesgos (Standard&Poors, Moody's, Fitch) y hasta las auditoras contables (Deloitte, Ernst&Young, PwC).

El naufragio no puede sorprender a nadie. El escándalo de las "hipotecas basura" (subprime) era sabido de todos. Igual que el exceso de liquidez orientado a la especulación, y la explosión delirante de los precios de la vivienda. Todo esto ha sido denunciado -en estas columnas- desde hace tiempo. Sin que nadie se inmutase. Porque el crimen beneficiaba a muchos. Y se siguió afirmando que la empresa privada y el mercado lo arreglaban todo.

La Administración del Presidente George W. Bush ha tenido que renegar de ese principio y recurrir, masivamente, a la intervención del Estado. Las principales entidades de crédito inmobiliario, Fannie Mae y Freddie Mac, han sido nacionalizadas. También lo ha sido el American International Group (AIG), la mayor compañía de seguros del mundo. Y el Secretario del Tesoro, Henry Paulson (ex presidente de la banca Goldman Sachs...) ha propuesto un plan de rescate de las acciones "tóxicas" procedentes de las "hipotecas basura" por un valor de unos 500.000 millones de euros, que también adelantará el Estado, o sea los contribuyentes.

Prueba del fracaso del sistema, estas intervenciones del Estado -las mayores, en volumen, de la historia económica- demuestran que los mercados no son capaces de regularse por sí mismos. Se han autodestruido por su propia voracidad. Además, se confirma una ley del cinismo neoliberal: se privatizan los beneficios pero se socializan las pérdidas. Se hace pagar a los pobres las excentricidades irracionales de los banqueros, y se les amenaza, en caso de que se nieguen a pagar, con empobrecerlos aún más.

Las autoridades norteamericanas acuden al rescate de los banksters ("banquero gangster") a expensas de los ciudadanos. Hace unos meses, el presidente Bush se negó a firmar una ley que ofrecía una cobertura médica a nueve millones de niños pobres por un coste de 4.000 millones de euros. Lo consideró un gasto inútil. Ahora, para salvar a los rufianes de Wall Street nada le parece suficiente. Socialismo para los ricos, y capitalismo salvaje para los pobres.

Este desastre ocurre en un momento de vacío teórico de las izquierdas. Las cuales no tienen "plan B" para sacar provecho del descalabro. En particular las de Europa, agarrotadas por el choque de la crisis. Cuando sería tiempo de refundación y de audacia.
¿Cuánto durará la crisis? "Veinte años si tenemos suerte, o menos de diez si las autoridades actúan con mano firme", vaticina el editorialista neoliberal Martin Wolf (1). Si existiese una lógica política, este contexto debería favorecer la elección del demócrata Barack Obama (si no es asesinado) a la presidencia de Estados Unidos el 4 de noviembre próximo. Es probable que, como Franklin D. Roosevelt en 1930, el joven Presidente lance un nuevo "New Deal" basado en un neokeynesianismo que confirmará el retorno del Estado en la esfera económica. Y aportará por fin mayor justicia social a los ciudadanos. Se irá hacia un nuevo Bretton Woods. La etapa más salvaje e irracional de la globalización neoliberal habrá terminado.

sábado 4 de octubre de 2008

Un buen resumen